¡Hola, Visitantes!

mafalda-hola.JPGPues eso. ¡Hola a los que visitáis, cada día o de vez en cuando, este blog! A los administradores de este sitio nos consta que lo hacéis, porque vemos las estadísticas y nos llena de alegría ver que cada día tenemos más adeptos.

En varias ocasiones os hemos pedido que forméis parte de este equipo de “redactores”, “opinólogos”, padres y madres “comprometidos”, “preocupados” con y por la educación de nuestros/as hijos/as. Llamémonos cualquier cosa, menos “indiferentes”. No necesitáis de ninguna habilidad especial para participar en el blog. Tan sólo estar dispuestos a teclear unas líneas y haceros visibles con vuestras palabras a través de estas páginas.

Este es un sitio para todo el que desee formar parte de él y no nos gustaría que se convirtiese en el blog de Yolanda jb y Chelucana. Por eso os invitamos a que os unáis a nosotros, os tiréis a la piscina y editéis algunos post. Y si os parece que el agua está muy fría, para aclimataros, podéis empezar haciendo algún comentario a los posts ya editados. Os aseguro que recibimos cada idea con calurosa bienvenida. ¡Anda, venga! Sólo un “mensajín”…

Para animaros, os adelantamos que nuestro cole tiene previsto actualizar su web durante este curso académico. La idea es que de allí parta un enlace al AMPA  y de éste, al blog.

Respecto a los contenidos, además de los que ya figuran, tenemos intención de ampliar las categorías con los temas que más os interesen: alimentación y nutrición, ocio y tiempo libre, deportes, espectáculos, canciones y juegos infantiles,…ojo-cerradura.jpg

Pero, para seguir creciendo, necesitamos de tu colaboración, de tus ideas y de tus sugerencias. Así es que abandona cuanto antes el papel de fisgón/a y participa. ¡Te necesitamos!

Cada martes nos reuniremos, de 16:00 a 17:00 en la clase de los “patitos” (infantil 3 años). Si no fuera posible, buscaríamos otra alternativa. También podemos organizarnos a través del blog o por correo electrónico.

¡Te esperamos!

4 comentarios en “¡Hola, Visitantes!

  1. Pues hola también a todos vosotros. Yo también me alegro mucho de poder participar en este espacio, en el que me propongo participar más a menudo. Muchas gracias a las más activas y por favor no os corteis en seguir “colgando” vuestros artículos, siempre interesantes. Lo de la actualización de la web del colegio es algo completamente necesario, pero bueno ¡más vale tarde que nunca!. ¡Ánimo! y lo dicho ¡a participar!

  2. HOLA A TOD@S¡ MUCHAS GRACIAS POR PERMITIRME PARTICIPAR Y POR ELLO OS REGALO MI CUENTO PREFERIDO. ESPERO QUE LO DISFRUTÉIS COMPARTIÉNDOLO Y QUE OS GUSTE TANTO COMO A MÍ. HASTA PRONTO.

    EL GATO QUE NO SABÍA QUE ERA UN GATO 

    Hace muchos, muchísimos años, cuando existían animales que sabían hablar, ocurrió que nació un gato cerca de la granja de Pepe. En aquella granja había muchos animales que Pepe, el granjero, cuidaba con la ayuda de su mujer, Teresa.

    El pobre gatito tuvo la mala suerte de quedar tapado por una hoja que había caído de un árbol y, cuando su madre recogió a sus hermanos para llevarlos a un lugar más tranquilo y seguro, a él no lo vió; como los gatos nacen ciegos, él tampoco pudo ver a su madre y sus hermanos. Así, el gatito quedó solo en el mundo y pasó mucha hambre hasta que Pepe lo encontró al lado del camino que conducía a su casa, y se lo llevó con él para cuidarlo.

    Cuando el gato por fin pudo empezar a andar por la casa, lo primero que escuchó fue a Teresa que llamaba: “ Pepe, Pepe, ven aquí un momento” y el pobre gato fue corriendo porque pensó que Pepe era el. Y siempre que alguien llamaba a Pepe, allá iba el corriendo, pensando que lo llamaban.

    Como no había conocido a nadie más que a Pepe, Teresa, el cartero y algunos hombres que trabajaban en la granja, el gatito pensó que él también era una persona. Pero pronto empezó a tener problemas en la casa: como creía que era una persona quería comer en la mesa con los granjeros y claro, ellos no le dejaban. Tampoco le permitían dormir en una cama, y cada vez que intentaba ponerse un calcetín de Pepe, el granjero o Teresa le reñían. El gatito no entendía por qué.

    Hasta que un día se vió reflejado en un espejo. Él ya sabía lo que era un espejo porque había visto a Pepe y Teresa mirarse cuando se peinaban, para ver si iban bien arreglados… pero nunca se había visto a sí mismo reflejado en uno. Cuando por fin se vió, comprendió que no era una persona. Pero, ¿qué sería? Se miró y remiró largamente en el espejo: tenía cuatro patas y no pies y manos como la gente, un rabo muy largo y el cuerpo cubierto de pelo… No, decididamente nunca había visto a nadie como él.

    Así fue como el gatito decidió ir a dar un paseo por la granja para ve i se encontraba por allí con alguien que se le pareciera.

    Nada más salir de la casa, lo primero que vió fue a un cuervo, negro como la noche, que vená volando y se posaba en la rama de un árbol. Le pareció estupendo aquello que había hecho en el aire y desde el suelo le preguntó:

    – ¿Quién eres?
    – Soy Jacinto, el cuervo. Soy un pájaro. ¡Y tú?
    – ¿Yo? Yo soy Pepe y soy un cuervo también.

    Naturalmente, a Jacinto le entró un ataque de risa. Había visto muchos pájaros en su vida y algunos muy raros, pero ninguno que se pareciera tanto a un gato.

    – ¿Estás seguro de que eres un gato?
    – Claro, contestó Pepe que en realidad no estaba nada seguro.
    – Pues ven a aquí y volaremos juntos un rato.

    Pepe ,el gatito, salió corriendo y subió al árbol, porque los gatos si saben subir por los troncos de los árboles. Pero cuando intentó volar por encima del tejado de la granja, haciendo lo que Jacinto le había explicado… ploff… se cayó con la cuatro patas en el suelo. Jacinto, en la rama del árbol se moría de risa y a Pepe le dio tanta rabia que se marchó de allí muy enojado, con el rabo muy tieso.

    Evidentemente, tampoco era un cuervo, ni ningún otro pájaro, porque no tenía alas, que era con lo que volaban según le había dicho Jacinto. Así que siguió andando, intentando encontrar a alguien q
    ue se le pareciera. Al poco tiempo, al pie de otro árbol, había un animalito con algo en la boca. Pepe se acercó muy contento. Tenía cuatro patas como él y una cola muy corta.

    – Hola, ¿quién eres?- preguntó Pepe.
    – Hola, soy Dory, la oveja, ¡y tú?
    – Yo soy Pepe… y también soy una oveja.
    – ¡Estás seguro de ser una oveja?
    – Pues claro.
    – Entonces, ven a mi lado y te invito a merendar un poco de esa hierba que está buenísima.

    Pepe vió como la oveja Dory se ponía comer hierba. Pepe quiso hacer lo mismo pero, claro, los gatos no comen hierba, y no le gustó nada aquella comida.
    – Puag, qué asco.
    – ¿ Cómo que qué asco? Es comida.
    – Pues a mi no me gusta nada esta comida.
    – Porque yo no me creo que tu seas una oveja. Desde luego eres muy raro. Y si n te gusta mi comida, ya te puedes marchar de mi prado y dejarme comer tranquila, respondió Dory muy enfadada.

    Pepe no sabía muy bien qué hacer. No era un apersona y no podía vivir como la gente, no era un pájaro y no podía vivir en un nido, no era una oveja y no podía vivir comiendo hierba,…

    Un poco más adelante, Pepe se encontró con otro animal que hacía unos ruidos muy extraños y metía la boca en el suelo, como buscando algo. Pepe se acercó a el y le preguntó:

    – ¿Quién eres tú?
    – Soy Tucho, el cerdo, ¿y tú?
    – Yo soy Pepe, y soy un cerdo también-
    – ¿Tú un cerdo? Eres un cerdo bien raro. ¿ Quieres venir conmigo a ensuciarte en el barro?
    – Vamos- dijo Pepe, que no tenía ni idea de lo que era lo que quería hacer el cerdo.

    Pero los gatos, aunque no les gusta demasiado el agua, son muy limpios, y lo que menos les gusta es ensuciarse de barro. Así que al llegar a la charca particular de Tucho, Pepe metió la puntita de una pata en el lodo y le dio muchísimo asco. Cuando Tucho lo salpicó con las patas y el hocico, de la repugnancia que le dio se le pusieron de punta los pelos del lomo y el rabo tieso.

    – Vamos Pepe, no seas un cerdo tan limpio, ven a bañarte.
    – No, Tucho, lo siento. No sería capaz de meterme en el barro contigo Perdona, creo que no soy un cerdo tan cochino como tú.
    – A mi ya me parecía que tú no eras un cerdo. Adiós Pepe. Y si cambias de idea y decides ponerte bien sucio, ya sabes donde hay una buena charca.
    -Si Tucho, muchas gracias, adiós.

    Pepe continuó buscando por la granja y se encontró con un animal muy grande, muy negro y muy fuerte. A Pepe le pareció precioso y se acercó a él.

    – Hola, ¿Quién eres?
    – Soy Pedro, el toro. ¿Quién eres tú?
    – Yo soy Pepe y soy un toro también.
    ¿Tú un toro?- preguntó Pedro echándose a reir.

    Pepe ya estaba harto de no saber quién era y de andar de acá para allá y de que todo el mundo se riera de él. Así que le dijo a Pedro que estaba completamente seguro de que era un toro. El toro Pedro, muy serio, le dijo. ¿Ah, si?, pues intenta hacer esto… Y salió corriendo a toda velocidad por el prado dándole con los cuernos un golpe terrible a un árbol, que quedó moviéndose de un lado a otro. Pepe ni se lo pensó. Salió también corriendo y golpeó al árbol… podéis imaginar lo que ocurrió,… Se dio un topetazo tremendo en la cabeza y el toro Pedro se partía de risa.

    Entonces le explicó que aquello que tenía en la cabeza, además de un chichón que se acababa de hacer, eran dos orejas, y no dos cuernos de toro. Pepe se despidió de Pedro muy triste porque le habría encantado ser un toro grande, fuerte y negro como el, y se marchó de allí.

    Pepe ya no sabía qué hacer. Empezaba a pensar que era un bicho raro y que nunca encontraría a nadie que se le pareciera. Pero cuando ya pensaba que tendría que acostumbrarse a la idea de vivir solo, oyó que alguien decía cerca de él:

    – Miau, miau,…
    – ¿Quién eres?
    – Soy la gata Calista, ¿ y tú como te llamas?
    – yo,…yo… yo soy Pepe, el gato.

    Y Calista no se echó a reir, ni lo miró como un bicho raro como habían hecho los demás animales. Entonces, Pepe miró bien a la gata. Tenía cuatro patas, el cuerpo cubierto de pelos, los ojos almendrados, una cola larga y hablaba exactamente igual que él. Entonces si, entonces él era un gato.

    Calista y Pepe decidieron quedarse a vivir juntos en la granja y tener muchos gatitos. Y cuando los gatitos crecieron y salían de paseo por la granja y los otros animales les preguntaban quiénes eran, ellos contestaban lo que su papá les había enseñado: “ Somos Tino, Catalina, Claudio y Camila y somos gatos”.

    EL GATO QUE NO SABÍA QUE ERA UN GATO 

  3. Bueno, pues yo simplemente agradeceros la labor que estáis haciendo. Ya se que os debo un artículo (o dos, o más…) pero necesito encontrar ese “momento” para escribirlo. Mientras tanto un abrazo grande y mucho ánimo. Por cierto, no pude ir el martes, intentaré ir el que viene un ratito…

    Me parece fenomenal que el cole decida “meter mano” a su página web. Espero que tengan administradores/as tan eficientes como las de éste blog.

  4. Hola también a vosotras,

    Yo os agradezco vuestro trabajo y os puedo decir que cada cosa nueva que leo en la página me interesa. ¡Ánimo!

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