Cómo prevenir el comportamiento violento de nuestras hijas e hijos

El viernes 17 de enero de 2020 tuvo lugar la charla “Cómo prevenir el comportamiento violento de nuestras hijas e hijos” impartida por una psicóloga del Centro de Ayuda a las Familias (CAF 7).


Los CAF ofrecen apoyo legal, psicológico y social, de forma gratuita, a todas aquellas personas del distrito que lo requieran. Para quienes vivimos en Latina tenemos el centro en la calle Fuerte de Navidad 15 – ver mapa aquí – y más información en la página web de madrid.es.


La presentación inició con una presentación de las madres y padres asistentes respecto a las problemáticas que encuentran con sus hijas/os. Esto sirvió, sobre todo, para identificar si las preocupaciones giran en torno a la gestión de las rabietas o por el contrario, tiene que ver con el uso de la violencia hacia otras personas.

El deseo compartido por la gran mayoría de las presentes era poder conocer “secretos y técnicas para gestionar las rabietas violentas, así como aprender técnicas para no reaccionar violentamente ante ellas, por la parte de madres y padres”.

De inicio una frase contundente por parte de la psicóloga: las rabietas y el enfado EXISTEN. Es decir, intentar que desaparezcan de la vida de nuestras hijas/os es negar al mismo tiempo que son formas de aproximarse y tratar con la realidad de su día a día. Por tanto, no se pueden evitar pero podemos aprender a gestionarlas e intentar que no crezcan; y además, se conviertan en hábito.

Tanto niñas/os como adultos nos frustramos y enfadamos a veces, es normal. El enfado existe y es vital, hay que ver de forma positiva el hecho de enfadarnos a veces. Sirve, por ejemplo, para poner límites ante situaciones desagradables: nos enfadamos ante una injusticia, y eso puede lograr que deje de ocurrir.

Por otro lado, la agresividad es una conducta no elaborada del enfado y la violencia sería la expresión última de esa agresividad. Identificar cuál es el sentimiento exacto que tenemos es lo fundamental, y poder identificarlo adecuadamente es a lo que llamamos inteligencia emocional. Si sabemos por qué nos sentimos así ¡ya hay un paso dado!. Pero no podía ser tan fácil: es realmente complicado poder elaborar un pensamiento racional sobre un sentimiento de enfado. Hay que imaginar, de nuevo, que si como adultos nos cuesta, cuánto más en edades tempranas.

¿Qué es lo que nos hace violentos?

Por un lado nuestro carácter: un bajo autocontrol y tolerancia a la frustración. Además también puede ser por trastornos psicopatológicos y drogas, pero estos aspectos no fueron tratados en esta charla.

También, y más importante, los factores del entorno: verlo en casa, recibir respuestas violentas, comunicación violenta, gestión agresiva de situaciones cotidianas… Si vivimos en ambientes que legitiman la violencia, todo se vuelve más complicado. Por ejemplo, ver situaciones agresivas en la tele y validarlas como divertidas nos puede complicar poner posteriormente un ejemplo de lo que se debe o no hacer.

Es absolutamente más importante lo que hacemos que lo que decimos.

Enseñar a gestionar el enfado a nuestras hijas/os

Este es seguramente el mayor reto con el que nos encontramos: mantener la calma e intentar que la niña o niño haga una elaboración racional de por qué está enfadada/o. Decir y pensar que destrozaríamos algo o alguien, no es malo en sí. Lo grave ocurre cuando esos pensamientos se convierten en actitudes de violencia verbal o física por la falta de capacidad de interpretación.

Si en los momentos de rabieta están muy enfadadas/os lo primero de todo es calmarles y luego:

  • Nombrar la emoción y bajar la intensidad.
  • Pasar tiempo fuera de donde estemos.
  • Rincón de desfogo/calma.
  • Parar y relajar.
  • Conversar sobre lo sucedido.
  • Analizar la situación.
  • Favorecer la búsqueda de alternativas.
  • Reparar el daño.

El rol de las madres y padres se sitúa en el camino que hay entre el enfado y la acción, es decir, en la elaboración de ese pensamiento racional que les calme. Generar una reflexión racional sobre la razón del enfado. Por mucho que les gritemos, nunca van a calmarse.

Si intentamos imponernos estaremos metiendo aún más energía, y la crispación aumenta. Perdemos más autoridad al desbordarnos (irnos, enfadarnos, pasar de todo…) que si nos quedamos e intentamos hablar.

“Cuando estés más calmada/o lo hablamos”, es una frase que nos puede venir bien. Estamos diciendo que nos interesa lo que le pasa (y esto es de suma importancia) pero que no vamos a hablar si sigue gritando.

Es muy importante que comuniquemos interés por sus sentimientos, el saber por qué le ocurre. A las niñas y niños les carga mucho la responsabilidad de hacer daño a su madre y padre, por ello, no hay que culpabilizarles de que sus actos causan nuestra tristeza o dolor.

Es mejor decir “hasta aquí hemos llegado, mañana seguimos” si estamos muy cansadas/os. O también pedirse relevo entre los miembros de la familia. Sentimos que luchamos con nuestra hija/o porque ella/él lucha con nosotrsas/os… si esperamos tranquilamente hasta que se calme, podemos obtener un avance en la formación de su inteligencia emocional. El ejercicio de detonar un pensamiento racional ante una rabieta es un proceso largo, hay que trabajarlo mucho.

En caso de tener actitudes violentas, tiene que haber una consecuencia: arreglar el juguete roto, pedir perdón, tomarse un tiempo… Si vamos a castigar ha de hacerse dentro de unos límites que se pueda cumplir y en consonancia con lo que se ha hecho. Castigar de formas desmedidas no tiene sentido. Además, no es sólo castigar, es explicar también las alternativas: “no grites, si lo vas a hacer es mejor que vengas conmigo aquí y lo hablemos para decidirlo y discutirlo”. Los refuerzos positivos son buenos para lograr que cumplan con cosas que normalmente les pueden generar rabieta.

Otra acción que nos puede ayudar a madres y padres es **vibilizar los logros**. Por ejemplo, tablar que señalan con pegatinas lo que han ido haciendo bien durante el día y la semana.

Los límites que les ponemos son súper importantes. La violencia no se puede permitir en ninguna de sus manifestaciones.

Es también negativo que aparezca un locus de control externo o interno: echamos la culpa a factores de terceros de lo que nos pasó. Hay que intentar enseñarles a pensar: “¿qué está en mi mano para que esto no vuelva a pasar?”. (Nota: Locus de control (LC) es un término que se usa en psicología que se refiere a la percepción que tiene una persona sobre las causas de lo que pasa en su vida. Es la manera en que percibe una persona si el origen de su propio comportamiento es interno o externo a ella. – Ver <http://www.revistainsight.es/locus-de-control/&gt;).

En el entorno familiar

Algo que debemos preguntarnos para enfocar las posibles soluciones a las reacciones violentas de nuestras hijas e hijos es: ¿cómo abordamos nuestros problemas? ¿actuamos como esperamos que nuestras hijas/os lo hagan?

De la forma en que educamos se describen cuatro modelos de estilos parentales: autoritario, democrático, permisivo y sobreprotector (negligente). Aunque la siguiente foto no es la vista en la charla nos sirve para orientarnos en cada uno de los modelos:

estilos-crianza

Fuente: https://i.pinimg.com/originals/c7/a9/d9/c7a9d946fbbf54f51af3939781a5a191.png

En conclusión, si hay un mensaje final que debería quedar resonando es: un hogar donde se comunican las cosas, donde como mamás y papás hablamos cuando estamos enfadados e intentamos que aprendan a calmarse en esos momentos, hará que poco a poco dejen de enfocar sus rabietas con violencia y vayan logrando un poco más de autocontrol.

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