Jueces que Educan a Padres

juez.jpgDesde hace meses recibo ocasionalmente en mi correo mensajes de diferentes personas, amigos que bien me quieren, con enlaces al vídeo de la popular intervención de Emilio Calatayud, Juez de Menores de Granada, en la V Tertulia del Consejo Escolar de La Comunidad de Madrid: “Familia y Escuela ante la Prevención de Conductas de Riesgo

Mi decepción ante los mensajes recibidos es proporcional al, cada vez mayor, entusiasmo y exaltación de mis bienintencionados remitentes.

No quiero decir con esto que el juez Calatayud no diga, en ocasiones, verdades como puños, no. Pero que se le escapen, también, barbaridades como puños, desmerece buena parte de su discurso. El juez de las sentencias ejemplares, no pronuncia, en mi opinión, conferencias ejemplares, aunque sí muy populares. Recomendar la bofetada a tiempo, trivializar acerca del acoso entre iguales o vapulear a educadores y profesionales varios, no es políticamente correcto, ni propio de un representante de “la ley y el orden”.

“Zapatero a sus zapatos”, Sr. Calatayud. Que lo hace usted muy bien.

En la era del homo videns, los/as padres y madres cada vez dependemos más de “expertos” que a través de una imagen simplificada y siempre distorsionada de nosotros mismos y nuestros hijos nos dan las claves acerca de cómo debemos educarlos. Los/as p/madres mientras tanto, con la desconfianza instalada y la potestad robada o delegada, ensayamos, como aprendices de alquimista, brebajes, estrategias y “trucos” en el laboratorio del hogar, para sacar de nuestros retoños lo mejor de sí mismos. Y experimentamos, una y otra vez, al vertiginoso ritmo que el profesional de turno publica su nuevo recetario o da su última conferencia.

Pero a nadie se le ocurre contarnos que la clave está frente a nuestras narices. Que nuestros hijos son el libro de instrucciones. Que nadie tiene que explicarnos cómo se miran, leen e interpretan, porque cada hijo, cada padre y cada hogar son únicos. Sólo necesitamos, unos y otros, tiempo, tiempo y más tiempo para aprender juntos. Y sólo nosotros como padres tenemos el poder y la capacidad de educar a nuestros hijos, con los ingredientes que nacen del amor hacia ellos y del respeto hacia su dignidad como personas.

El cierre de la charla del juez Calatayud leyendo el manido poema, erróneamente atribuido a Bertolt Brecht, me ha servido al menos para inspirar las siguientes líneas.

Primero llegaron los pedagogos que, desde las aulas, nos explicaron a los padres que no sabíamos educar. Y nos dieron leyes, teorías, métodos y normas educativas para aplicar a nuestros hijos. 

En seguida,  llegaron los psicólogos y psiquiatras que, desde su consulta clínica, nos alertaron acerca de las conductas patológicas de los pequeños. Nos pautaron, como referencia y para nuestra “tranquilidad”, qué, cómo, cuándo y dónde deberían los niños gatear, caminar, comer, dormir y defecar. Y nos enseñaron cómo modificar y erradicar las conductas indeseables de nuestros hijos, mediante sencillos programas basados en la administración de premios y castigos.

 Después llegaron los psicólogos más sabios. Criminalistas, algunos. Otros, primero defensores y después fiscales,… de menores. Y, desde sus gabinetes, nos anunciaron que nuestros hijos eran unos “emperadores tiranos” y “pequeños dictadores” que se subirían a nuestras barbas y nos pisarían la cabeza a la menor oportunidad. 

Por último, llegaron los jueces-jueces que, desde sus tribunales, nos advirtieron que nuestro/a recién llegado, dormido en su cuna y con cara de ángel, era potencialmente peligroso/a. Y nos instaron a extremar la vigilancia sobre él/ella hoy, para evitar que sacara los pies del tiesto y se convirtiera en un delincuente mañana.

 Ahora estamos solos, tan solos y tan extraños como desconocidos el uno para el otro, hijo mío, por todo cuanto nos han arrebatado. ¿Quién nos devuelve las riendas de nuestra p/maternidad para construir, nuevamente y sobre base firme, nuestra relación?

Por favor… ¡Sschhh! ¡Eh!… ¿Hay alguien ahí?… ¿Algún librito, vídeo, conferencia,… que nos saque de aquí?

4 comentarios en “Jueces que Educan a Padres

  1. Ciertamente interesante que sobre este tema haya discusiones, sobre todo criticas por la intervención de dicho juez de menores. Pero tachar de simplista por decir “padres que sean padres” queda muy bien como argumento literario, lo que pasa es que aún hay que decirlo por que realmente hay muchos padres que no lo son o no lo quieren ser, ya que el hecho de castigar no es cómodo, es más fácil seguirle la corriente al hijo y así no hay discusiones. Quizás Pedro, ese aparente sentido común, que tu criticas a ti no te hará falta que te lo recuerden (no solo no lo pongo en duda, si no que viendo tu forma de escribir y pensar me corroboras tu alto nivel intelectual y lo locuaz de tus pensamientos) pero no me negaras que esta es la manera más práctica de explicar a cualquier persona, sea del nivel intelectual que sea, las cosas que tanto tu como yo o posiblemente la mayoría de la población adulta damos por supuesto y que sin embargo estamos hartos de ver continuamente que no todo el mundo tiene ese sentido común. En cuanto a la frase “(me recordó a aquellas leyes que marcaban el papel de la mujer en la familia, y al adulterio como delito)” si escuchas bien precisamente lo que este juez quiere que se entienda es todo lo contrario, precisamente lo que propugna es utilizar lo mínimo posible a las leyes y los legisladores que para lo único que valen es para generalizar los problemas de familia y no tratarlos dentro del ambiente único de cada caso.
    Para terminar simplemente decir que a mi realmente no me ha dicho nada que no supiese ya, pero no por ello voy a criticarlo cuando creo que las cosas cuanto más fáciles se expliquen a mas gente llega.

  2. Muy interesante tu comentario, Pedro, y el paralelismo que haces en referencia a leyes caducas, algunas no tan antiguas en nuestra historia de democracia como la Ley de Peligrosidad Social. Afortunadamente, desde la celebración de la conferencia del Juez Calatayud hasta hoy, el Código Civil ha modificado los artículos 154 y 268, aunque les pese a algunos:

    Del “Podrán también corregir a los menores razonable y moderadamente” hemos pasado al “Los tutores ejercerán su cargo de acuerdo con la personalidad de sus pupilos, respetando su integridad física y psicológica”

  3. ¡Vaya, me alegra encontrar tu opinión en torno a este juez, aunque me haya obligado a escucharlo de nuevo en Youtube antes de escribir aquí!
    Y, después de recibir también correos recomendándolo, y leer algunos de los centenares de comentarios elogiosos a sus palabras, creo que la creciente popularidad hasta internacional de sus palabras no es más que una muestra de la banalidad y falta de reflexión que por desgracia nos rodea. ¡ Si lo propugnan para presidente o ministro… de Educación !

    Yo no dudo de sus cualidades como Juez de menores y de la imaginación y recursos que muestra en sus sentencias, que van más allá de la pura pena o encierro para el culpable, pero no mezclemos, como le gustaría decir a él, churras con merinas.

    Como orador, como razonador, más allá del gracejo, campechanía o aparente sentido común, no consigo ver entre defensas del bofetón a tiempo, la comparación entre cárcel y escuela, la regulación de la familia según tal o cual artículo del código (me recordó a aquellas leyes que marcaban el papel de la mujer en la familia, y al adulterio como delito), sus recordatorios al ilícito penal, el “sinvivir” de ser padres, más argumentos que los de un vídeo sepia o gris que encajaría mejor en un capítulo de “cuéntame”.

    Y si además sus conclusiones simplistas, difusas, de sentido común son: padres que sean padres, Escuela que se ponga las pilas, sociedad no hipócrita, legislación coherente y compromiso social, y se quedan en eso, y el poema, ya me dirán ustedes.

    ¿Librito, vídeo, conferencia? a estas horas no sé, chelucana, estaré en ello, los buscaré… pero ¿cómo luchar con el Youtube viral y su nuevo “amo a Laura”?

  4. Me gusta como piensas.
    En la aventura de ser madres que nos dejen el derecho a equivocarnos por exceso de cariño.
    Un beso muy fuerte.

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