Entre La Mula Y El Buey

mulaybuey.jpgDurante los últimos días se ha hablado con frecuencia, tanto en público como en privado, acerca de las Fiestas de Navidad, de su significado, de sus símbolos, del consumo exagerado que genera, de las representaciones teatrales que harán nuestros hijos la próxima semana y cómo vive esta experiencia cada niño/a y cada p/madre.

Es un hecho que todos, o casi todos, celebramos la Navidad. Unos, por razones religiosas; otros,  por tradición cultural; casi todos, por el acto social implícito, de hermanamiento, reencuentro con nuestros seres queridos; o, sobre todo los niños, también por su carácter lúdico. Pero para mí, la Navidad no deja de ser, por encima de otros motivo, la celebración del nacimiento de un niño, y no de uno en particular, sino del de cualquier niño nacido en cualquier parte del mundo. Porque, al margen de nuestro origen, nuestra procedencia, nuestro estatus,… todos venimos al mundo de la misma manera, recordándonos de por vida nuestra condición animal, despojados de pertenencias y necesitados del amor y calor de los demás.

Así es que, en estos días festivos, no puedo dejar de evocar la escena de María dando a luz a su hijo en un establo, de la forma más primaria y salvaje en que pare una mujer, en soledad, asistida tan sólo por la presencia de dos singulares comadronas, la mula y el buey, que le ofrecen su hospitalidad, su silencio y quietud, su sabiduría de mamíferos y, por supuesto, su calor. ¿Se necesita algo más para tan sublime acto?

Y no, no imagino a José junto a María, sugetándole la mano, jadeante, mientras le dice “Empuja, querida. Ya queda poco”. Sino fuera de la cueva, en busca de una partera que asista a María, tal vez recogiendo leña o alimento, pero seguro que acechante, movido también por su conducta instintiva y animal, guardando el refugio de la presencia de predadores y miradas indiscretas que puedan alterar el curso de tan magnífica escena.

Y esto es lo que significa para mí la Navidad. Retrotraernos a nuestros orígenes más sencillos, más humildes,… y que reproducimos una y otra vez con cada nacimiento.mula-y-buey.jpg

(Ver: La mula y el buey junto al pesebre por el Cardenal Joseph Ratzinger)

Es quizá esta idea del nacimiento, tan básica y sublime a la vez, la razón por la que este año a mi hija pequeña le haga tanta ilusión representar el personaje de “la mula” y haya rechazado, ofrecido a posteriori, el papel estelar de “María”.  Sólo espero estar a la altura como madre y poder tener a tiempo el disfraz apropiado. Porque, después de una semana encerrada en casa a causa de la gripe, no me gustaría andar a última hora a carreras y tan despistada como la mamá de este video.

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