Mis maldades

figuras2.jpgComo Jesús me propone en el comentario del artículo anterior voy a dedicar un minutito a contar unas maldades.

Acabo de llegar de dejar a mi hijo e hija en la fila de la mañana. He escuchado a una mamá comentar algo que me ha resultado muy familiar. Una de las profesoras de infantil les dió ayer una hoja con un pequeño círculo, un cuadrado y un triángulo. Les pidió que completaran el dibujo con 3 muñecos. Para el primero sólo podían utilizar círculos, en el sengundo cuadrados y en el tercero triángulos. Lo que iba en la hoja eran las cabezas de esos muñecos.

Esta mamá ha pensado que eso no podía ser así. Su hija tenía que estar equivocada. Así que la niña ha llegado al colegio con un folio lleno de figuras geométricas sin más.

Supongo que algunas veces habremos vivido esta situación de tener la seguridad de que lo sabemos mejor que nuestros hijos e hijas. Si pasa en casa, y a mi me ha pasado en más de una ocasión, también pasará en el cole. No lo dudo.

Os dejo un cuento como otra “maldad” para que opinéis. No sé si esto se da tanto en primaria como en secundaria dónde yo, por mi profesión, tengo más información. Lo que si sé es que poco a poco muchos chicos y chicas pierden su capacidad de rebelión, se somenten, aceptan, van al cole obedientemente, se suman al carro de la masa.

Si tu hija te ha dicho que no quiere ir al cole, tu hija todavía se puede salvar.

Ahora podría añadir algo sobre lo que ha pasado últimamente con el tema de nuestros representantes en el Consejo Escolar y su actitud de no permitir debates. Pero yo también soy obediente, también he perdido totalmente mi capacidad de rebelarme y mi capacidad de opinar. Como podéis ver no soy la única.

Cuento – UN NIÑO

“Una vez el pequeño niño fue a la escuela. Era muy pequeñito y la escuela muy grande. Pero cuando el pequeño niño descubrió que podía ir a su clase con sólo entrar por la puerta del frente, se sintió feliz.

Una mañana, estando el pequeño niño en la escuela, su maestra dijo:
- Hoy vamos a hacer un dibujo.
- Qué bueno- pensó el niño, a él le gustaba mucho dibujar, él podía hacer muchas cosas: leones y tigres, gallinas y vacas, trenes y botes. Sacó su caja de colores y comenzó a dibujar.

Pero la maestra dijo: – Esperen, no es hora de empezar, y ella esperó a que todos estuvieran preparados.
- Ahora, dijo la maestra, vamos a dibujar flores.
- ¡Qué bueno! – pensó el niño, – me gusta mucho dibujar flores, y empezó a dibujar preciosas flores con sus colores.

Pero la maestra dijo: – Esperen, yo les enseñaré cómo, y dibujó una flor roja con un tallo verde. El pequeño miró la flor de la maestra y después miró la suya, a él le gustaba más su flor que la de la maestra, pero no dijo nada y comenzó a dibujar una flor roja con un tallo verde igual a la de su maestra.

Otro día cuando el pequeño niño entraba a su clase, la maestra dijo:
- Hoy vamos a hacer algo con barro.
- ¡Qué bueno! pensó el niño, me gusta mucho el barro. Él podía hacer muchas cosas con el barro: serpientes y elefantes, ratones y muñecos, camiones y carros y comenzó a estirar su bola de barro.

Pero la maestra dijo: – Esperen, no es hora de comenzar y luego esperó a que todos estuvieran preparados.
- Ahora, dijo la maestra, vamos a dibujar un plato.
- ¡Qué bueno! pensó el niño. A mí me gusta mucho hacer platos y comenzó a construir platos de distintas formas y tamaños.

Pero la maestra dijo: -Esperen, yo les enseñaré cómo y ella les enseñó a todos cómo hacer un profundo plato. -Aquí tienen, dijo la maestra, ahora pueden comenzar. El pequeño niño miró el plato de la maestra y después miró el suyo. A él le gustaba más su plato, pero no dijo nada y comenzó a hacer uno igual al de su maestra.

Y muy pronto el pequeño niño aprendió a esperar y mirar, a hacer cosas iguales a las de su maestra y dejó de hacer cosas que surgían de sus propias ideas.

Ocurrió que un día, su familia, se mudó a otra casa y el pequeño comenzó a ir a otra escuela. En su primer día de clase, la maestra dijo:
- Hoy vamos a hacer un dibujo.
- Qué bueno pensó el pequeño niño y esperó que la maestra le dijera qué hacer.

Pero la maestra no dijo nada, sólo caminaba dentro del salón. Cuando llegó hasta el pequeño niño ella dijo:
- ¿No quieres empezar tu dibujo?
- Sí, dijo el pequeño ¿qué vamos a hacer?
- No sé hasta que tú no lo hagas, dijo la maestra.
- ¿Y cómo lo hago? – preguntó.
- Como tú quieras contestó.
- ¿Y de cualquier color?
- De cualquier color dijo la maestra. Si todos hacemos el mismo dibujo y usamos los mismos colores, ¿cómo voy a saber cuál es cuál y quién lo hizo?
- Yo no sé, dijo el pequeño niño, y comenzó a dibujar una flor roja con el tallo verde.”

Helen Buckley

FUENTE: http://www.lafabricadelaparticipacion.org/un-nino.htm

Anuncios

3 thoughts on “Mis maldades

  1. hahhaa si vale tienes mucha razon con lo q publicas hay muchos q callan por miedo o por solo aceptar las ideas de los demas y ps yo lo veo de manera distinta a esas personas porque yo siempre opino doy mi punto de vista y hago las cosas de la manera que creo q son mejor. ps a mi me paso todo lo contrario era callado y me cansé de dejar q decidan por mi y me revelé. Aunque cuando era mucho mas pequeño era full inquieto y no aceptaba muchos acuerdos… hahaha

  2. ¡Hola!
    Chelu, Yolanda, Jesús, Dioni,…. ¡Me parecen tan interesantes los temas que estais sacando….! Es una casualidad, pero mi hija y yo estamos leyendo el Principito. ¿A que lo recordáis? Os leo un poquito:
    “Cuando yo tenía seis años …..logré trazar con un lápiz de color mi primer dibujo…. Mostré mi obra maestra a las personas grandes y le pregunté si mi dibujo les asustaba. Me contestaron: ¿Por qué habrá de asustar un sombrero?. Mi dibujo no representaba un sombrero. Representaba una serpiente boa que digería un elefante. Dibuje entonces el interior de la serpiente boa a fin de que las personas grandes pudiesen comprender. Siempre necesitan explicaciones… Las personas grandes me aconsejaron que dejara a un lado los dibujos de serpientes boas abiertas o cerradas y que me interesara un poco más en la geografía, la historia, el cálculo y la gramática. Así fue como, a la edad de seis años, abandoné una magnífica carrera de pintor. Estaba desalentado por mi fracaso de mi dibujo .. .. Las personas grandes nunca comprenden nada por sí solas, y es agotador para los niños tener que darles siempre y siempre explicaciones….. Debí pues, elegir otro oficio …Cuando encontré alguna (persona)que me pareció un poco lúcida, hice la experiencia de mi dibujo número 1, que siempre he conservado. Quería saber si de verdad era comprensiva. Pero siempre me respondía: es un sombrero. Entonces no le hablaba ni de serpientes boas, ni de bosques vírgenes, ni de estrellas. Me ponía a su altura. Le hablaba de bridge, de golf, de política y de corbatas. Y la persona grande se quedaba muy satisfecha de haber conocido a un hombre tan razonable.
    Viví así, solo, sin nadie con quien hablar verdaderamente, hasta que ….”

    Pues sí, parece que las personas “mayores” tenemos el defecto de no pararnos a escuchar, contemplar y comprender lo que nuestras queridas hijas, nuestros queridos hijos nos enseñan. Yo soy la primera que me digo que no tengo tiempo para ello y así ¡cuántas cosas me pierdo!

    No sabemos cuantas cosas les hacemos perder a ellos, a nuestras niñas a nuestros niños. Por suerte el piloto del cuento encontró al Pricipito, alguien que le comprendía.

    ¡Buenas noches!

  3. Vaya, Yolanda… me has despertado un trauma infantil.

    Estaba yo en 2º de Párvulos (¿recordáis? sería como nuestros Indios y Piratas) en el Colegio Nacional Mixto Costa Rica (así se llamaba antes). La Seño pintó en la pizarra una virgen rezando y nosotros teníamos que copiarla. Estaba de rodillas, el pelo rubio recogido en una trenza, los ojos cerrados, la boca pequeña… a mí me gustaba, pero yo pinté inconscientemente (en ambos sentidos) a una virgen de pie, melena rubia “al viento”, amplia boca sonriendo y con los brazos abiertos.

    Al ir a enseñársela a su mesa me cogió fuerte del brazo, me agitó como si fuera un colchón de lana y me espetó: “¿Ésto es una Virgen?” Yo… no entendía su enfado (ni mi castigo posterior)

    De todos modos hay que confiar en los niños y en sus capacidades, que permanecen incluso en situaciones tan adversas. Fíjate, yo no he salido tan mal, a pesar de todo…jajaja. Eso sí, a mis años no sé dibujar una trenza. Alguna tara siempre queda.

    ¡qué peligroso es el pensamiento único!

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s