Isabel Aler, socióloga: «El trabajo es un obstáculo para la maternidad, no al contrario»

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Las «madres insumisas» confían en el saber de sus cuerpos para parir y criar, se enfrentan al sistema sanitario y asumen prioridades

INÉS GALLASTEGUI/GRANADA

La profesora titular de Sociología de la Universidad de Sevilla Isabel Aler (Barcelona, 1960) pronunció ayer en el auditorio de la Caja Rural la conferencia ‘Maternidad e insumisión’, invitada por el grupo de apoyo a la lactancia materna Mamilactancia. Aler explicó qué es el movimiento de «madres insumisas», «minoritario pero altamente motivado». Se trata, señaló, de mujeres que confían en la sabiduría de sus cuerpos para «concebir, gestar, parir y criar a sus hijos»; se enfrentan a los dictámenes del sistema sanitario sobre «cómo debe ser una madre adecuada»; se organizan para compartir su experiencia con otras madres; y, ante un mercado de trabajo que considera la maternidad como «un obstáculo», deciden que lo que es un obstáculo para una maternidad consciente es el mercado de trabajo, y asumen «prioridades vitales».

La socióloga explicó que en España la maternidad es «un hecho social crítico». «En los últimos treinta años ha habido una disminución drástica de las tasas de maternidad en un 50% y un aumento drástico del intervencionismo tecnológico en los procesos de concepción, gestación, parto y crianza de las criaturas».

En ese contexto, dijo, muchas mujeres se han rebelado frente al modelo patriarcal de madre «resignada, sumisa, desautorizada, cargada de trabajo…». A su juicio, el feminismo actual, cuya lucha tanto ha contribuido a poner los pilares de una maternidad elegida y no impuesta, está ahora «un poco parado» ante el hallazgo de que ser madre no sólo no supone un lastre, sino que es una vía fundamental para la liberación de las mujeres y motor de cambio social.

Del miedo al deseo

Isabel Aler expuso una serie de «co-razones» -una palabra acuñada por ella misma con la que que designa algo así como motivos tanto racionales como emocionales- para hacer el viaje «de la maternidad patriarcal a la maternidad alternativa».Algunas mujeres han pasado «del miedo al deseo de ser madres» y han asumido el protagonismo en un proceso, de la concepción a la crianza, donde exigen ser «respetadas y no negadas». Están pasando «de la desconfianza a la confianza en la sabiduría corporal», frente a una sanidad tecnologizada que contempla el embarazo y el parto como si fueran ajenos al cuerpo femenino. Y transitan del «entreguismo» al «enfrentamiento selectivo» con el sistema sanitario, que a veces actúa «en alianza con los intereses del mercado», por ejemplo en el tema de la lactancia materna. Por otro lado, las «insumisas» están creando «espacios sociales cualificados», como los «grupos de ayuda madre a madre, que se movilizan social y políticamente para la recuperación del parto y de las formas de crianza natural».Aler rechazó la consideración de la maternidad como «un obstáculo para la incorporación de las mujeres al mercado de trabajo», ya que obvia que la maternidad es «la matriz de las relaciones sociales». «El mercado de trabajo, tal como está -androcéntrico y precario- es un obstáculo para la labor más importante, que es la reproducción de la vida». Así, muchas mujeres trabajadoras deciden prolongar su baja maternal y «hacer malabarismos para dar prioridad a su momento de crianza, con muchas renuncias».

Hacerse la sueca

Eso no significa que no sigan reclamando al Estado la ampliación del permiso por maternidad y la implantación de un salario básico «para las madres que se dedican a la crianza, que es un trabajo ímprobo». Hoy por hoy, resaltó, el mejor modelo es el sueco: frente a las 16 semanas de baja que disfrutan las españolas, las suecas tienen un año de permiso retribuido, con opción a otro año más sin salario pero con reserva del puesto de trabajo.Aunque juzgó «fenomenal» que se amplíe el permiso paternal, Aler opinó que el padre puede ayudar, pero no sustituir a la madre en esos primeros días de vida. La dependencia del niño hacia el cuerpo materno, recordó, dura nueve meses dentro y nueve fuera.

igallastegui@ideal.es

Para saber más puedes leer el siguiente estudio de Isabel Aler:

La transformación de la maternidad en la sociedad española 1975-2005. Otra visión sociológica

3 comentarios en “Isabel Aler, socióloga: «El trabajo es un obstáculo para la maternidad, no al contrario»

  1. ¡Qué artículo tan interesante!

    “Madres insumisas”, “prioridades vitales”, “co-razones”, “confianza en la sabiduría corporal”, maternidad como “matriz de relaciones sociales”,…

    Creo que incorporaré todos estos nuevos conceptos y expresiones a mi repertorio ligüístico.

    Mi madre, que tiene 75 años, nunca se cuestionó si debía trabajar una vez casada. Su sitio era su casa y sus hijos; era lo normal y aceptable en su generación. Sus hermanas menores tuvieron la opción de elegir seguir tabajando o quedarse en casa. Las anteriores a mí hicieron la revolución de la que las siguientes generaciones nos hemos beneficiado, reivindicando su derecho a trabajar por encima de todo. Las de mi tiempo teníamos claro que el trabajo formaba parte de nuestras vidas y no había nada que elegir o pelear. Me siento orgullosa de esta nueva generación de madres que ahora ELIGEN no trabajar, aunque sea temporalmente, o posponer en el orden de sus prioridades el desarrollo profesional, a favor de vivir su maternidad consciente e intensamente.

    El titular de este artículo debería ser el lema de esta nueva revolución que ya han comenzado las mujeres de hoy.

  2. Gracias por traer este tema aquí, es importante pararse a pensar sobre ello.
    Desde la época de nuestras abuelas, de nuestras madres al de nosotras, las madres actuales, se han producido algunos cambios, pero todavía no se ha dado ningún “gran salto” en el tema que nos ocupa.
    Ha sido muy positivo el hecho de tener la posibilidad de ser independientes economicamente, salir de casa y trabajar, en algunos casos, en la profesión que te gusta.
    Sin embargo, estos derechos conquistados han conllevado “jornadas durísimas” de trabajo dentro y fuera de casa. Los otros miembros de la familia no se han “puesto las pilas” en el trabajo doméstico, la mujer ha seguido asumiendo el mayor peso en el cuidado y la educación de los hijos e hijas y también en el cuidado de los abuelos.
    En muchos casos, cuando las cosas no van bien con los hijos, la mujer es víctima de una gran insatisfacción y desasosiego, parece que a su alrededor todo el mundo le achacara gran parte de la culpa de ese fracaso y ella es la primera en culpabilizarse por no haber estado “más” con sus hijos.
    ¡Qué panorama!
    La sociedad, las instituciones, el mercado que todo lo domina tendrían que dar ese “paso” de una vez por todas para hacer posible esa “maternidad feliz” que todas deseamos. Seamos positivas, puede ser que se consiga y hasta que eso ocurra seguiremos “al pie del cañón”.

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