AMPA La Latina

octubre 4, 2007

EL GATO QUE NO SABÍA QUE ERA UN GATO

Filed under: Cuéntame un cuento — yolajb @ 10:45 pm
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Alguien que nos ha visitado nos ha dejado este cuento en un comentario. No queremos que se lo pierda nadie así que lo colocamos aquí como artículo. Gracias. (Nota de ampalalatina)

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HOLA A TOD@S¡ MUCHAS GRACIAS POR PERMITIRME PARTICIPAR Y POR ELLO OS REGALO MI CUENTO PREFERIDO. ESPERO QUE LO DISFRUTÉIS COMPARTIÉNDOLO Y QUE OS GUSTE TANTO COMO A MÍ. HASTA PRONTO.

gatos1.jpgEL GATO QUE NO SABÍA QUE ERA UN GATO 

Hace muchos, muchísimos años, cuando existían animales que sabían hablar, ocurrió que nació un gato cerca de la granja de Pepe. En aquella granja había muchos animales que Pepe, el granjero, cuidaba con la ayuda de su mujer, Teresa.

El pobre gatito tuvo la mala suerte de quedar tapado por una hoja que había caído de un árbol y, cuando su madre recogió a sus hermanos para llevarlos a un lugar más tranquilo y seguro, a él no lo vió; como los gatos nacen ciegos, él tampoco pudo ver a su madre y sus hermanos. Así, el gatito quedó solo en el mundo y pasó mucha hambre hasta que Pepe lo encontró al lado del camino que conducía a su casa, y se lo llevó con él para cuidarlo.

Cuando el gato por fin pudo empezar a andar por la casa, lo primero que escuchó fue a Teresa que llamaba: “ Pepe, Pepe, ven aquí un momento” y el pobre gato fue corriendo porque pensó que Pepe era el. Y siempre que alguien llamaba a Pepe, allá iba el corriendo, pensando que lo llamaban.

Como no había conocido a nadie más que a Pepe, Teresa, el cartero y algunos hombres que trabajaban en la granja, el gatito pensó que él también era una persona. Pero pronto empezó a tener problemas en la casa: como creía que era una persona quería comer en la mesa con los granjeros y claro, ellos no le dejaban. Tampoco le permitían dormir en una cama, y cada vez que intentaba ponerse un calcetín de Pepe, el granjero o Teresa le reñían. El gatito no entendía por qué.

Hasta que un día se vió reflejado en un espejo. Él ya sabía lo que era un espejo porque había visto a Pepe y Teresa mirarse cuando se peinaban, para ver si iban bien arreglados… pero nunca se había visto a sí mismo reflejado en uno. Cuando por fin se vió, comprendió que no era una persona. Pero, ¿qué sería? Se miró y remiró largamente en el espejo: tenía cuatro patas y no pies y manos como la gente, un rabo muy largo y el cuerpo cubierto de pelo… No, decididamente nunca había visto a nadie como él.

Así fue como el gatito decidió ir a dar un paseo por la granja para ve i se encontraba por allí con alguien que se le pareciera.

Nada más salir de la casa, lo primero que vió fue a un cuervo, negro como la noche, que vená volando y se posaba en la rama de un árbol. Le pareció estupendo aquello que había hecho en el aire y desde el suelo le preguntó:

- ¿Quién eres?
– Soy Jacinto, el cuervo. Soy un pájaro. ¡Y tú?
– ¿Yo? Yo soy Pepe y soy un cuervo también.

Naturalmente, a Jacinto le entró un ataque de risa. Había visto muchos pájaros en su vida y algunos muy raros, pero ninguno que se pareciera tanto a un gato.

- ¿Estás seguro de que eres un gato?
– Claro, contestó Pepe que en realidad no estaba nada seguro.
– Pues ven a aquí y volaremos juntos un rato.

Pepe ,el gatito, salió corriendo y subió al árbol, porque los gatos si saben subir por los troncos de los árboles. Pero cuando intentó volar por encima del tejado de la granja, haciendo lo que Jacinto le había explicado… ploff… se cayó con la cuatro patas en el suelo. Jacinto, en la rama del árbol se moría de risa y a Pepe le dio tanta rabia que se marchó de allí muy enojado, con el rabo muy tieso.

Evidentemente, tampoco era un cuervo, ni ningún otro pájaro, porque no tenía alas, que era con lo que volaban según le había dicho Jacinto. Así que siguió andando, intentando encontrar a alguien q
ue se le pareciera. Al poco tiempo, al pie de otro árbol, había un animalito con algo en la boca. Pepe se acercó muy contento. Tenía cuatro patas como él y una cola muy corta.

- Hola, ¿quién eres?- preguntó Pepe.
– Hola, soy Dory, la oveja, ¡y tú?
– Yo soy Pepe… y también soy una oveja.
– ¡Estás seguro de ser una oveja?
– Pues claro.
– Entonces, ven a mi lado y te invito a merendar un poco de esa hierba que está buenísima.

Pepe vió como la oveja Dory se ponía comer hierba. Pepe quiso hacer lo mismo pero, claro, los gatos no comen hierba, y no le gustó nada aquella comida.
– Puag, qué asco.
– ¿ Cómo que qué asco? Es comida.
– Pues a mi no me gusta nada esta comida.
– Porque yo no me creo que tu seas una oveja. Desde luego eres muy raro. Y si n te gusta mi comida, ya te puedes marchar de mi prado y dejarme comer tranquila, respondió Dory muy enfadada.

Pepe no sabía muy bien qué hacer. No era un apersona y no podía vivir como la gente, no era un pájaro y no podía vivir en un nido, no era una oveja y no podía vivir comiendo hierba,…

Un poco más adelante, Pepe se encontró con otro animal que hacía unos ruidos muy extraños y metía la boca en el suelo, como buscando algo. Pepe se acercó a el y le preguntó:

- ¿Quién eres tú?
– Soy Tucho, el cerdo, ¿y tú?
– Yo soy Pepe, y soy un cerdo también-
– ¿Tú un cerdo? Eres un cerdo bien raro. ¿ Quieres venir conmigo a ensuciarte en el barro?
– Vamos- dijo Pepe, que no tenía ni idea de lo que era lo que quería hacer el cerdo.

Pero los gatos, aunque no les gusta demasiado el agua, son muy limpios, y lo que menos les gusta es ensuciarse de barro. Así que al llegar a la charca particular de Tucho, Pepe metió la puntita de una pata en el lodo y le dio muchísimo asco. Cuando Tucho lo salpicó con las patas y el hocico, de la repugnancia que le dio se le pusieron de punta los pelos del lomo y el rabo tieso.

- Vamos Pepe, no seas un cerdo tan limpio, ven a bañarte.
– No, Tucho, lo siento. No sería capaz de meterme en el barro contigo Perdona, creo que no soy un cerdo tan cochino como tú.
– A mi ya me parecía que tú no eras un cerdo. Adiós Pepe. Y si cambias de idea y decides ponerte bien sucio, ya sabes donde hay una buena charca.
-Si Tucho, muchas gracias, adiós.

Pepe continuó buscando por la granja y se encontró con un animal muy grande, muy negro y muy fuerte. A Pepe le pareció precioso y se acercó a él.

- Hola, ¿Quién eres?
– Soy Pedro, el toro. ¿Quién eres tú?
– Yo soy Pepe y soy un toro también.
¿Tú un toro?- preguntó Pedro echándose a reir.

Pepe ya estaba harto de no saber quién era y de andar de acá para allá y de que todo el mundo se riera de él. Así que le dijo a Pedro que estaba completamente seguro de que era un toro. El toro Pedro, muy serio, le dijo. ¿Ah, si?, pues intenta hacer esto… Y salió corriendo a toda velocidad por el prado dándole con los cuernos un golpe terrible a un árbol, que quedó moviéndose de un lado a otro. Pepe ni se lo pensó. Salió también corriendo y golpeó al árbol… podéis imaginar lo que ocurrió,… Se dio un topetazo tremendo en la cabeza y el toro Pedro se partía de risa.

Entonces le explicó que aquello que tenía en la cabeza, además de un chichón que se acababa de hacer, eran dos orejas, y no dos cuernos de toro. Pepe se despidió de Pedro muy triste porque le habría encantado ser un toro grande, fuerte y negro como el, y se marchó de allí.

Pepe ya no sabía qué hacer. Empezaba a pensar que era un bicho raro y que nunca encontraría a nadie que se le pareciera. Pero cuando ya pensaba que tendría que acostumbrarse a la idea de vivir solo, oyó que alguien decía cerca de él:

- Miau, miau,…
– ¿Quién eres?
– Soy la gata Calista, ¿ y tú como te llamas?
– yo,…yo… yo soy Pepe, el gato.

Y Calista no se echó a reir, ni lo miró como un bicho raro como habían hecho los demás animales. Entonces, Pepe miró bien a la gata. Tenía cuatro patas, el cuerpo cubierto de pelos, los ojos almendrados, una cola larga y hablaba exactamente igual que él. Entonces si, entonces él era un gato.

Calista y Pepe decidieron quedarse a vivir juntos en la granja y tener muchos gatitos. Y cuando los gatitos crecieron y salían de paseo por la granja y los otros animales les preguntaban quiénes eran, ellos contestaban lo que su papá les había enseñado: “ Somos Tino, Catalina, Claudio y Camila y somos gatos”.

Autora del cuento: Mª Isabel Horro González

Otros cuentos: http://www.waece.org/cuentos

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6 comentarios »

  1. hola me encanto tu cuento que es muy lindo e interesante no se que estaba pensando cuando lo vi en internet pense que era muy aburrido hasta que lo lei y me encanto tienes muchisima imaginacion yo creo que podrias ser un gran autor

    CAMILA

    post:tienes buenas ideas pero falta de ortografia ja ja ja.

    Comentario por camila paz — diciembre 31, 2008 @ 1:05 am

  2. Soy la autora del cuento, Isabel Horro González, y yo no lo colgué en este blog. Me alegro de que a Camila le guste. En cuanto a las faltas de ortografía, yo no tengo la culpa de lo que hacen con mi cuento en internet, yo desde luego, no tengo errores de este tipo (como ves yo sí acentúo al escribir). El cuento resultó ganador en un concurso internacional organizado por WAECE en el año 2000, y ahora es propiedad de esa entidad. Por eso está en Internet. Reitero mi alegría si a alguien le gustó el cuento y supongo que es un honor que a alguien le haya parecido que valía la pena enseñárselo a los demás.

    Comentario por isabel — febrero 25, 2009 @ 7:41 pm

  3. Hola Isabel, gracias por dejarnos tu comentario.

    El cuento nos lo propuso una profe de infantil y nos pareció precioso así que aquí sigue. No sabemos si habrás publicado otras cosas o si te gustaría enlazar otros cuentos tuyos. De cualquier forma aquí tienes tu espacio. Está siempre abierto porque creemos que la lectura creativa y divertida es parte fundamental de la educación de nuestros hijos e hijas.
    Yolanda jb

    Comentario por yolanda jb — febrero 25, 2009 @ 11:29 pm

  4. Hola Yolanda, soy Isabel de nuevo. Yo también soy profe de Infantil y para mis niños es para quien escribo mis cuentos (bueno y para mis sobrinos, ya sabes el refrán: a quien Dios no le da hijos, el Diablo le da sobrinos). Me alegro de que guste el cuento, está en la página de Waece: http://www.waece.org, y se trata de la Organización Mundial de Educadores Infantiles, donde podeis encontrar cosas muy interesantes también para padres, que sois los educadores fundamentales de nuestros niños. A mi también me parece muy importante la lectura y miraré a qué dirección tengo que mandaros algún cuento más, aunque primero he de traducirlo porque los escribo en gallego.
    Gracias, ya os dejo tranquilos, que menudo rollo acabo de soltar.

    Comentario por isabel — febrero 26, 2009 @ 8:13 pm

  5. por favor necesito ti biografia isabel

    Comentario por franklin — mayo 18, 2009 @ 4:12 pm

  6. ola me encanto tu cuento es muy bonito la verdad me encanto muchisisisimo baeee y espero que hagas otro cuento mas y espero ser la primera que lo leea

    Comentario por angelica — octubre 11, 2010 @ 10:29 pm


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